La villa se desarrolla en tres niveles y le recibe con espacios por los que la luz natural entra a través de grandes aberturas, interactuando con suelos de baldosas en tonos beige claro y revestimientos de pared con efecto piedra que dan presencia a las paredes. La chimenea tradicional aporta un punto de encuentro a la zona de estar, mientras que los acabados de madera y las cortinas ligeras ayudan a mantener un ambiente luminoso y equilibrado. Incluso los detalles más sencillos, como la mesa de comedor con base de piedra y el gran ventanal de cristal, ayudan a transmitir la idea de un hogar pensado para vivirse de forma continua, combinando el confort diario con momentos más íntimos.
Sus 230 metros cuadrados de superficie distribuidos en 7 habitaciones permiten una gestión amplia y bien articulada de los espacios, ideal para una residencia que busca un equilibrio entre la vida social y la privacidad. Las 3 habitaciones y los 4 baños hacen que la propiedad resulte funcional para una familia o para quienes desean espacios bien organizados en varias plantas, potenciando la verticalidad de los tres niveles sin renunciar al confort. Construida en 1980, la villa presenta una personalidad marcada, especialmente evidente en la coherencia entre los interiores y los elementos distintivos que la caracterizan. La chimenea refuerza la dimensión doméstica del hogar, mientras que la piscina privada abre la perspectiva de una vida diaria también marcada por el tiempo al aire libre. Completan el perfil de la propiedad aspectos que influyen de forma real en la calidad de vida: la puerta blindada, la puerta eléctrica y el acceso para personas con discapacidad, detalles que aportan practicidad y atención al uso del hogar a largo plazo.
Los días aquí pueden alternar de forma natural entre distintos ritmos: un almuerzo en la zona de estar iluminada por el ventanal, una pausa junto a la chimenea en las estaciones más frescas, o el tiempo al aire libre alrededor de la piscina privada cuando el clima invita a quedarse fuera más tiempo. La distribución en tres plantas permite una buena modulación entre los momentos compartidos y los más íntimos, asignando a cada espacio una función precisa. La tranquilidad que sugiere la distribución de la propiedad también contribuye a crear un ambiente acogedor, donde la vida al aire libre no es un complemento, sino una parte real de la experiencia cotidiana.
Esta villa en Sant’Andrea di Rovereto, en la provincia de Génova, combina amplitud, zonas bien distribuidas y elementos distintivos capaces de marcar la diferencia en el uso real de la vivienda. Es un inmueble cuyo valor reside en el equilibrio entre interiores luminosos, una distribución en tres niveles y una notable presencia exterior, como la piscina privada, en un entorno ligur que refuerza su carácter residencial.